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Amigos buenas tardes. Por lo menos acá en Ecuador estamos en esa hora del día, casi con el sol cayendo y observando el ajetreo del Puerto Principal. Y dentro de ese ir y venir, de muchas actividades por realizar me he encontrado un poco ausente de éste mi espacio, su espacio. Mi último post fue justo hace 13 días, el día anterior de jugarse el último Clásico del Astillero, partido que sería el punto de inflexión de este hace poco combate por la punta del Campeonato Ecuatoriano.

Vamos a empezar hablando del Club Sport Emelec, un equipo que ha venido en alza. La curva de su rendimiento ha ido en aumento. Recuerdo cuando muchos -incluído- no estábamos de acuerdo con la continuación de Jorge Sampaoli. Veíamos como sus formas, sus modos nos aturdían y no nos dejaban observar lo que él venía cocinando. Miles de hinchas estaban hartos de ver goleado a su equipo dos veces en Quito, jugar “mal” en casa, ganar al apuro. Tan cansados estaban que en muchos blogs se expresaban un sinnúmero de epítetos en contra del técnico rosarino. Varios partidos en el Capwell el Pelado Sampaoli se fue entre chiflidos, lanzamiento de objetos e insultos. Ni siquiera algunos de sus jugadores lo soportaban. Algunos se “alegraron” cuando saliendo del aeropuerto en un partido de Copa lo querían retener en migración.

Pero para beneficio de la gente eléctrica todo cambió. Su equipo venía mostrando mejor orden, jugadores (como Giménez y Carlos Quiñónez) se fueron recuperando de lesiones. Otros elementos a los que insultaban por no “saber” dominar el balón demostraron su real condición (Jaime Ayoví). Sampaoli fue encontrando en su plantilla la colaboración necesaria para sacar adelante el proyecto, hacerlos jugar de la forma que él quería, hacerles entender sus ideas que al principio les eran extrañas e incómodas. Con todo el cuerpo de jugadores en óptimas condiciones pudo explotar las virtudes de aquellos que estaban un poco “extraviados” o no habían sido utilizados. Nombres como Morantes, Marcos Caicedo, Fernando Gaibor, Jaime Ayoví, Enner Valencia se fueron volviendo habituales en la oncena azul. Y si no eran titulares, entraban perfectamente a la cancha cuando tenían que reemplazar a alguno de sus compañeros.

Pero hubo un hombre, un poco a la sombra, que no sale mucho en los medios, pero es la cabeza al frente del equipo de fútbol, que le dio toda la confianza necesaria al cuerpo técnico: Nassib Neme Antón. La experiencia que el tiene en la dirigencia futbolera le permitió conservar la calma. Como capitán del barco, su tranquilidad en las crisis hicieron que la nave traspase la tormenta y el grupo esté a punto de arribar a buen puerto. Este domingo, cuando Emelec se proclame como el primer finalista de este campeonato, los hinchas deben agradecérselo a Neme.

Cambiando de orilla, las cosas empezaron bien para Barcelona. Puntero en casi todo el campeonato, se decía que la altura lo estaba ayudando, que la preparación en Quito “conspiraba” para el buen rendimiento torero, incluso Llop quiso -en un desvarío de su mente- llevarse el Superclásico a la capital. En cierto punto es cierto. Prepararse en la altura tiene un sinnúmero de ventajas que un médico, deportólogo o científico podría explicar mejor. Yendo a los hechos: En los partidos fuertes que Barcelona actuó cientos de metros por encima del nivel del mar (contra Nacional, Liga y D. Quito) por físico no le pudieron ganar. El planteamiento del Chocho era cicatero pero efectivo, en cierta medida. El problema: sólo se empataba. Ahí es cuando veía, una vez más, que sólo con el músculo no se gana. Y este Barcelona fue fuerte por eso, porque sus rivales no sabían como hacerle daño en el uno contra uno, colectivamente se replegaba y a esperar que algún “iluminado” (Oyola, Bolaños) pudiesen hacer algo, o que alguien pesque dentro del área y la meta (Samudio, Anangonó).

El juego de Barcelona NUNCA contó con el desequilibrio en ofensiva, se volvió monótono, previsible. Oyola solo no puede hacer de todo en un equipo falto de ideas. A Bolaños se lo busca hasta ahora. Palacios, falto de confianza y ritmo. Noir, puro humo. Samudio, lento y sin abastecimiento. Anangonó, falto de técnica. Angulo, puras ganas. Cocacho Macías pasó más tiempo lesionado y de juerga en Portoviejo. Eso es en resumen lo que ha pasado con los elementos de vanguardia amarilla.

Y en Guayaquil, cada partido se repetía la misma historia: Confiar en la sólida retaguardia que han formado Perlaza y Hurtado, algun escape de Nazareno, la inagotable energía que le ponen Hidalgo y Oyola, alguna brillantez de este último y ver que hacían arriba. Los cambios siempre eran los mismos: Dennis Quiñonez o el juvenil de turno salía y entraba Garcés, luego arriba entraba Samudio por Anangonó o viceversa, y Vincio Angulo por el que le tocara para ver que sucedía. La mayoría de veces le resultó, pero algún día tenía que acabarse la monotonía hecha equipo.

El día llegó, el del zarpazo mortal. Tenía que ser en un Clásico, como para que el ánimo del plantel torero se vaya al piso. Emelec se lo ganó porque venía con “viada”, cogiendo impulso. Su autoestima, su confianza estaban muy arriba. Sabían que si ganaban el partido inmortal ya estaba todo decidido. El daño moral a su eterno rival derivó en la amarga derrota de Barcelona en casa ante el Independiente del Valle. Barcelona no tiene alma, es un equipo que en dos partidos mató la ilusión de sus hinchas. Que la punta amarilla era mentirosa es un artículo que por falta de tiempo no pude nunca terminarlo.

Al paso que siguen los acontecimientos creo que este año va en cero para los amarillos, nuevamente. Tener una dirigencia y un entrenador que se conforman con participar en un torneo internacional por el solo hecho de que el año pasado se estaba perdiendo la categoría no es digno de un equipo como Barcelona. Ni Llop ni los jugadores tienen la culpa, para mí (y si estoy equivocado me lo hacen saber en sus comentarios) la culpa es de una dirigencia que ha tratado de hacer lo que cree correcto, pero no sabe de lo más importante de esto: fútbol. La solución a los problemas amarillos (como bien concidimos con una amiga emelecista) son de fondo, medulares, enraizados. Se necesita una verdadera revolución para que todo lo negativo se vaya.

A pesar de que esta nota va un poco extensa, resumen lo que en casi un mes no he podido expresar. Ahora me encuentro laborando para GolGolGol.net (Ecuador). Espero que sigan las noticias que publicamos diariamente allí, más la sección de opinión que en breve estaré redactando. Pensé en “matar” este blog, las tareas diarias personales consumen mi tiempo. Pero hacerlo sería cometer filicidio. Así que de alguna manera me organizaré para seguir desahogando mis pensamientos y publicar cosas interesantes de tan apasionado deporte.

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