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El momento es delicado. La Serie B está a la vuelta de la esquina. Por eso, no vale hacer más leña del árbol caído. Ya todos sabemos que el responsable máximo de esta catástrofe tiene dos nombres y dos apellidos: Eduardo Aquiles Maruri Miranda, acompañado de la mala decisión de unirse con los Noboa, hecho que desde el principio fue conflictivo por la pugna de poderes entre los involucrados. A eso no hay que darle más vuelta. Ni Maruri, Noboa, Harb, Manzur, Noriega, ni el periodismo, ni la hinchada, ni el cuerpo técnico pueden entrar a la cancha y ganar los partidos. Todo queda en mano de los verdaderos protagonistas: los jugadores de Barcelona Sporting Club.

En los últimos encuentros se los ha visto ansiosos, desesperados, temerosos. Es ahí donde se deben templar los nervios y asumir el reto de salir de la crisis. Se especula que algunos de ellos están con miedo. Veremos si los jugadores son valientes, porque valiente no es aquel que no tiene miedo, sino el que al presentársele la adversidad da lo mejor de sí para enfrentarla. Y pues, aquellos que no se quieren comprometer con la causa, deben dar un paso al costado por cobardes. Anoche escuchaba una interesante entrevista a Luis Chino Gómez en donde compartía ideas de lo que podría hacerse en esta situación, similar a la que le tocó vivir en el 2001. Entre muchas cosas dijo que el grupo estaba unido aquella vez, y que eso no parecía suceder ahora, o por lo menos no lo podía asegurar. Si es así, si existe desunión por problemas personales, los mismos deben ser depuestos, olvidar el pasado y empezar desde cero, porque existe algo más grande que los intereses personales y se llama Barcelona. Asimismo manifestó que otro problema es la falta de pertenencia por parte de los integrantes, quienes juegan en Barcelona y no en SU Barcelona. Pero a esto yo le agregaría algo más. Si los Banguera, Folleco, Castro, Bagui, Hidalgo, Palacios, Román, Samudio, Oyola, Encina, Perlaza, Samudio, Mina no juegan con “amor a la camiseta” pues ahí está un jugador a quien públicamente reto a que tire este carro desbocado hacia delante por ser tal vez el único verdadero barcelonista que juega en ese conjunto: Segundo Matamba.

Me acuerdo cuando compraba la Revista Barcelona que circuló durante el año 1993. En la sección que hablaba acerca de los jóvenes valores sobresalía un defensa espigado que era comparado con Holger el Piquetero Quiñónez por su posición en el campo, forma de juego y aspecto físico. Matamba nació y creció viviendo grandes momentos de Barcelona. Su madurez futbolística no la alcanzó dentro de la institución amarilla, pero hace dos temporadas regresó a su cuna para demostrar que estaba hecho de esa garra característica de los toreros. Barcelona siempre ha sido garra, coraje, empuje. Toda su historia se ha esscrito con sangre, sudor, sacrificio.

Los jugadores de Barcelona, si por lo menos no tienen algo de amor por los colores que defienden, deben salvar la categoría por amor propio, orgullo personal, profesionalismo. Como el mismo Chino dijo, perder la categoría sería una cruz muy difícil de cargar. Ningún triunfo posterior podrá borrar esa marca. Hablar de fútbol por parte de ellos sería un sin sentido pues no tendrían la calidad moral para hacerlo. Después de ser uno de los partícipes del descenso mejor les sería irse del país.

Para los próximos seis partidos Llop debe poner a los que mejor estén sicológica y físicamente. Los escombros de Benito Floro aún no se han podido reconstruir, el equipo sólo corre 30 minutos y no aguanta jugar domingo – miércoles – domingo. Concentrar permanentemente de aquí al final de la segunda etapa debe ser una obligación. Son sacrificios que los jugadores deben asumir para poder sacar a flote el barco que se hunde. Dejar amistades, salidas, familia por un mes y concentrarse en un solo objetivo. Los jugadores deben hacer un pacto de hombres entre ellos, no cuerpo técnico, dirigentes, nadie, sólo ellos comprometerse a que van a salir del caos. Y por último, mi mensaje a la hinchada: Ya se sabe que estamos mal, que los jugadores están desanimados, ¿es necesario seguir insultando? Lo que se debe hacer es alentar, no importa si es Bagui o Perlaza el que tiene la bola, porque al final no son ellos, sino la institución, la hinchada misma, la que cada vez más se desmorona por culpa de los insultos. ¡Saquen el pesimismo de sus bocas y a levantarle el ánimo a los jugadores!

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