
“Tengo, tengo la camisa negra, como negra tengo el alma” dice una parte de la famosa canción de Juanes. Así también se le ve el panorama de Barcelona, sombrío, oscuro, negro. Contra Deportivo Cuenca el equipo amarillo lució negro, no sólo en su vestimenta, sino en su juego, que no mejora para nada. Además, ¿qué les dio por ponerse ese uniforme? ¿Marketing? Sea lo que sea, cambiar el aspecto externo del conjunto no cambio el interno, más bien, sacaron a la luz los graves problemas que siguen dentro de la institución en todos sus aspectos.
Para ennumerar todas las fallas del equipo canario ya están otros sitios. Hablar de lo que se ha hecho, se hizo mal o se pudo hacer mejor no va a cambiar la actualidad torera. Últimos en el grupo, con un partido menos, y ya en zona de descenso en la tabla acumulada hacen llenar de pesimismo a la parroquia barcelonista, es decir, a la mitad más uno del país. Aquí trataré de buscar algun resquisio positivo que ponga una luz al final del túnel. Vamos que para malos augurios ya tenemos los problemas diarios.
Que Barcelona tiene mejor plantilla que muchos de los once equipos restantes del actual campeonato, es verdad. Tiene a un buen portero, seleccionado en muchas ocasiones. Castro y Matamba han actuado correctamente juntos (cuando los han puesto), Fernando Hidalgo, también seleccionado. Pablo Palacios, excelente delantero por todo el frente de ataque, goleador del campeonato pasado con gran poder de definición. Encina y Oyola, extranjeros que han demostrado tener cualidades interesantes. Pero, ¿por qué están en horas bajas los jugadores amarillos? Muchos no encontramos una explicación clara. Se dice que están impagos, que las relaciones con el actual presidente no son las mejores, que mejor se llevaban con los hermanísimos. Mucho bla bla, chisme de lavanderas que nadie confirma con pruebas. Como escribía, muchos de los jugadores tienen condiciones futbolísticas. Se me ocurre que tal vez la ansiedad está haciendo mella en su rendimiento. Pero Barcelona toda la vida ha sido así, presión por todos lados, exigencias de la hinchada sedienta de triunfos.
Nunca Barcelona ha sido un derroche de juego vistoso. Sus características siempre han sido el empuje, la garra, el amor propio. Y eso si le ha faltado a la mayoría de los integrantes actuales. Pero por aquello no se debe ser impaciente. En momentos de crisis lo peor es actuar por impulso. Ahora que los amarillos están apremiados no deben dejarse ganar por la prisa. Y más aún el día de hoy deben concentrarse en dar lo mejor de cada uno de ellos si es que quieren comer pavo en diciembre y no quedarse desempleados antes de terminar la temporada. Para el Clásico de hoy la presión cae en sus hombros, pues es Barcelona el que necesita salir del hoyo en que se encuentra, y tratar de mantener las posibilidades de clasificar. Hoy o toman nuevas fuerzas o empiezan a construir su ataúd.
Emelec es el más tranquilo de los dos. Clasificados, punteros en la acumulada y con un sistema de juego definido son los favoritos para llevarse el Partido Inmortal. Es mentira aquella leyenda urbana que el favorito no siempre gana. El fútbol es increíble a veces, pero por lo general un buen proceso da buenos resultados. En 1980, por citar un partido, Barcelona era el favorito y Emelec tenía que ganar para salvar la categoría. Los amarillos golearon 4-0 a los azules y le dieron la patada de impulso al infierno. Ojo que ahora se podría dar una historia parecida, pero a la inversa.
Esperemos que el partido de hoy sea jugado limpiamente, no esperen ver buen fútbol porque en un Clásico lo que menos se ve es eso. Que gane el mejor.

