Como aquel rocío que refresca la mañana, el triunfo de Barcelona -a pesar de no sacarlo de las últimas posiciones en que se encuentra- es un revitalizador para las ganas tanto de jugadores como la hinchada. Cuatro años tuvieron que pasar para que el equipo torero derrote a Deportivo Quito en la ciudad capital. Asimismo, la última vez que Barcelona ganó en el Atahualpa fue el año pasado, cuando venció por un gol a cero a la Universidad Católica.

Raúl Román fue el encargado de, con sus dos goles, romper la sequía de 6 partidos que los amarillos no marcaban en puerta contraria. La novedad del partido fue el ingreso de tres jugadores “novatos”  por parte del entrenador Juan Manuel Llop: Poroso, Cevallos y Sánchez; jugadores que no desentonaron con el accionar del equipo y dieron la cuota física que se necesitaba en el mediocampo para un partido en la altura. El esquema 1-4-4-1-1 impuesto resultó. El equipo funcionó con orden, buscando el resultado deseado. Claro está, sin jugar un buen fútbol (como casi nadie en el campeonato actual).

Barcelona por fin ganó, el resultado es un bálsamo para aplacar la crisis institucional de la cual todos sus miembros esperan salir desde la segunda etapa – empresa difícil de acuerdo al grupo en que le toque. Por ahora, a ganar el domingo al Manta.

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