Siempre desde palco, más cómodo, sin sol, con una mayor sensación de seguridad, con un relativo mejor ángulo para ver el partido, en fín, con todas las bondades que ofrece la localidad.  Pero caminando afuera del estadio, cerca de la general sur, el bombo y los cantos vibran con más fuerza, desde hace algún tiempo la general sur me hacía del ojito.  Vendí mi palco y en compañía de mi hermano nos lanzamos a la aventura.

Al llegar al torniquete para entrar el acceso se detuvo, dos hinchas querían entrar con un solo boleto y no sé qué parte del “no pueden” no entendían, pero al llegar los uniformados entraron como en razón por arte de magia.  Una vez adentro le dije a mi hermano que nos ubiquemos en el centro, yo quería estar donde las papitas se fien, pero realmente con la imagen que proyectaban los compañeros de equipo mejor decidimos quedarnos al borde de la concentración de personas que se situan en la parte central, de esa manera si pasaba algo teníamos rápida salida.  Además arriba de nosotros estaban dos mujeres, así que sentía que cierto grado de seguridad.

Y faltaba poco para que aquel “si pasaba algo” se cristalice, al pestañear habían policías a pocos metros de donde estábamos parados, el relajo se calmó pero desde ese momento aparte de ver el partido sentía que tenía que cuidarme de cualquier cosa que pase, y siguió pasando, un hincha emocionado situado detrás nos empujó invitándonos a cantar, supongo que su intención no era buscar pleito ya que si me cogía mal parado producto del empujón hubiera caído no precisamente de pie en la grada siguiente, y no cualquier persona se hubiera quedado frio,  al fin de cuentas no me sentía en posición de hacer algún reclamo. En ese momento desistí de estar parado y nos fuimos a sentar en los costados.

Las emociones continuaron, de pronto escuché que alguien dijo “la batidora” y empezó el desorden.  Gracias a Dios ya habíamos salido de la parte central.  Luego un señor negrito que cargaba un balde andaba paseando ofreciendo marihuana como quien vende agua o cerveza, pensé en que sería mejor idea no satisfacer mi curiosidad de ver de cerca aquel repositorio.  Luego de un momento el mismo señor con el mismo balde volvió a pasar pero vendiendo bollos.

Antes de finalizar el primer tiempo vino el primer gol, y a la voz de “de día viviré…” la general era una fiesta, yo de lejitos pero en la misma fiesta, la misión estaba cumplida, el júbilo era total. 

 Me llamó la atención que un hincha cercano sacó una cybershot y empezó a tomarse fotos con sus amigos.  Y yo dejando en casa celular, billetera, reloj, dinero, etc, y con el temor que a alguien le guste mi camiseta original y quiera que se la done.

Me gustó poder ver con mayor proximidad las jugadas desarrolladas cerca del arco, aunque cuelgan una tira amarilla desde la malla inferior hasta donde empieza la bandeja alta, eso molesta ya que no deja ver a perfección las jugadas.

Mi hermano se dio cuenta que un tipo arriba estaba fumando, y lo hacía vista y paciencia de todos.  Ya iba preparado para eso.

El partido terminó, volvimos a casa.  Entendí que me falta mucho para poder adaptarme totalmente, si quiera el 80% de los hombres lucían un arete, y la mayoría parecían antisociales, ahora entiendo una leyenda que dice “Por amarte me llaman delincuente”, pero fue chévere estar allí, algo asustado, y afectado por el sol, pero allí.