Brasil pasa con sufrimiento a la final de la Copa América

Brasil jugó anoche de la misma forma en que lo ha venido haciendo en toda la Copa. Con chispazos de buen fútbol. Porque en este torneo se ha visto muy poco el Jogo Bonito que nos vende una famosa marca deportiva. Y no sólo ahora, hace mucho tiempo que la verdeamerlha no hace gala de la calidad que sus jugadores poseen en sus botines. Porque si hay futbolistas en el país más grande de sudamérica que pueden vanagloriarse de practicar un fútbol exquisito pero a la vez efectivo. Parece que las condiciones tácticas los atan. O será que ellos mismo no se dan del todo, si igual con eso les alcanza? No sé, pero yo que siempre he sido seguidor de la manera de jugar del scratch me dejan mucho que desear sus presentaciones. Ojo, con esto no quiero decir que Uruguay no haya jugado bien. Lo hizo, pero no les bastó.
El partido empezó con un Brasil atacando, llegando, pero sin ideas fluidas producidas por un medio campo rocoso, conformado por hombres como Gilberto Silva (el mejor del partido junto al arquero Doni por el lado brasileño), Josué, Mineiro, y en donde el llamado a elaborar juego era Julio Baptista, jugador que es encarador, potente, pisador de área, pero no es el portento de creatividad que se necesita. Uruguay, por su parte, trataba de aguantar el compromiso y salir a base de contragolpes, en donde los más peligrosos fueron Forlán, el Cebolla Rodríguez y, en el segundo tiempo, el Loco Abreu. Tal fue el peligro que llevaban al arco que fue ahí donde Doni se erigió como figura.
En el segundo tiempo parecería que Brasil se conformaba con el 2-1, se dejó estar por parte de Uruguay, y fue ahí donde los charrúas sacaron su famosa garra, sumada al buen juego que estaban practicando, para lograr ocasiones riesgosas al arco carioca. Y es así como Sebastián Abreu logró el empate en una jugada en donde particiaparón, a más de él, Rodríguez y Forlán, que en la segunda parte del partido se encargó de bajar para organizar el juego y llegar como delantero de segunda línea desde atrás. Con este tanto los uruguayos quisieron aprovechar el envión anímico para lograr el triunfo, pero sus avances no fueron efectivos. Al pasar los minutos parecía que ambos conjuntos estaban resignados a desempatar el juego desde los doce pasos.
Muchas veces se dice que los penales son una lotería, pero no. Los gana el que mejor sabe patear, y eso sucedió anoche. Uruguay no perdió porque Doni se haya adelantado descaradamente, sino por la falta de efectividad de sus jugadores. Qué mal cobrados los tiros por parte de Forlán y Lugano; y García, por querer asegurar, le pegó muy abierto. Capítulo aparte merecen las ejecuciones de Diego y Abreu. El primero, pegándole cómo se debe, fuerte y esquinado abajo, inatajable para cualquier portero; el segundo, ejecutándolo de una forma que sólo jugadores con mucha clase o muy locos lo hacen.
Ahora, a esperar al otro finalista que resultará del muy reñido choque entre argentinos y mexicanos. Me reservo el pronóstico por ser dos escuadras que están en muy buen momento y que, cualquiera de las dos, será el favorito para el título ante un Brasil que la tendrá color de hormiga.
Los goles y los penales a continuación:

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